Voy a contarles a ustedes lo que a mí me ha sucedido.

El miércoles 6 de noviembre me ha pasado una cosa que es de las más raras que creo que le pueden suceder a alguien. Por eso os la voy a contar.

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9 respuestas a “Voy a contarles a ustedes lo que a mí me ha sucedido.”

  1. Susy dice:

    Pues sí. Extraño… Mira que me ha recordado el principio de «el extranjero»… entierro, soledad,… Pero bueno, la diferencia es que aquí estabas tú y en el de la madre muerta en la novela… había presencia pero no esencia, si sirve la expresión.
    Y qué… ¿bonito? el hecho de que Jean Pierre nunca te dijera que no se comía el jamón… (¿o sí, y es que a pesar de ser de Marruecos no era musulmán practicamte?) En cuaquier caso supongo que lo que mejor le sabría es el gesto de que te acordaras de él en las vacaciones.

  2. Juan dice:

    Voy a contarles a ustedes lo que a mí me ha sucedido.

    El miércoles 6 de noviembre me ha pasado una cosa que es de las más raras que creo que le pueden suceder a alguien. Por eso os la voy a contar.
    Al salir de clase a las 12h., mi compañero me dice que Jean Pierre, el portero del instituto, se ha muerto. Hasta ahí todo normal. La gente se muere. Me meto en la intranet del instituto, y leo la información, que acababan de poner a las 11h.
    Este señor era el que estaba en la puerta controlando quién entra y quién sale.
    Mi instituto tiene collège y lycée, que es como ESO y bachillerato. Los niños del collège (910) no pueden salir a la calle durante las horas de clase, mientras que los del lycée (805) pueden salir y entrar cuando quieran. Jean Pierre se los conocía a todos, y controlaba que no salieran los pequeños y también que no entrara al instituto nadie ajeno a la comunidad educativa. Todo eso con una mano izquierda y con un humor envidiables. Mi instituto no está precisamente en una de las zonas “chic” de París, y a veces hay pandillas en la puerta, que él gestionaba de la manera más efectiva. Lloviera, nevara o hiciera sol, este hombre estaba en la puerta, y nunca faltaba un saludo y una sonrisa. Una buena forma de empezar el día, y de acabarlo.
    En la información leo que Jean Pierre había muerto el día 25 de octubre y que se iba a enterrar a las 14h30 del miércoles en Nanterre. Para mí las verdaderas instituciones de los centros educativos son las personas que se mantienen en sus puestos: el conserje, el de la secretaría, el de las fotocopias. Dirección y profesores pasarán, pero ellos no, no, no pasarán, no, no, no, no, no, no pasarán (¿os acordáis esta canción de misa?).
    Los miércoles, que no hay clases por la tarde (a partir de las 12h) en Francia, yo suelo ir al gimnasio a la una, y ese día me había llevado la bolsa y todo al instituto. Mi compañero Rafa recibía justo esa tarde visita de España y no podía ir al entierro, así que llamé a Richard para que preparara la comida rápidamente, que yo sí iba a ir. Volví a casa, comimos y a la una salí para Nanterre-Préfecture. Aunque el entierro era a las dos y media, cuando vas a un sitio de las afueras es mejor ir con tiempo, que nunca se sabe cuánto tarda el tren, o cómo son de largas las avenidas que salen en el Google maps. Llegué a la avenida Émile Zola de Nanterre a eso de las dos. Tenía que ir al 116. Pasé el número 20, y un poco más allá estaba el Hôpital de la Défense. Entré a preguntar si era allí, que me parecía muy cerca. Llego a la recepción, y le digo a la señora que estaba allí que, bueno, que yo venía al entierro de un colega del instituto en el que trabajo, que se llama Jean Pierre, pero que no sé el apellido. Ella no me contesta, coge el teléfono y llama a alguien y le dice:

    – Oye, aquí hay un señor (yo), que viene al entierro de M Milhoub.

    Luego ya, dirigiéndose a mí, “enseguida vienen”.
    Se me presentan una enfermera y una médica, muy contentas, yo diría que emocionadas.

    – ¿Viene usted al entierro de Jean Pierre?
    – Sí.

    Aparece el empleado de la funeraria.

    – ¿Cómo quiere usted que se desarrolle la ceremonia?
    – ¿Cómo?
    – Ya hemos cerrado el ataúd, pero podemos abrirlo, si quiere usted verlo.
    – Surtout pas!

    Yo llevaba mi cazadora marrón, muy parecida a la que tenía Jean Pierre. Hacíamos a menudo bromas sobre eso. Esa cazadora es la única posesión que Jean Pierre había dejado. La habían metido en la caja, y creo que ese detalle, además de que Jean Pierre tuviera los ojos azules, les llevó a pensar que yo era parte de su familia, o algo así. Yo les explico quién soy, y que, bueno, que venía a acompañar a su familia y amigos en estos momentos.

    – Pero es que, en fin, es que está usted solo.
    – ¿Cómorrrr?

    Les pedí que esperaran un poco, hasta las dos y media, por si venía alguien más. Luego, como yo había ido en tren, me propusieron acompañarles al cementerio en el coche fúnebre, con el muerto y todo. Llegamos al cementerio e iniciamos una procesión, si se puede llamar así, hasta la tumba que habían excavado en la tierra para meter el ataúd. Cuando ya estábamos llegando, oí que me llamaban. Era el director del instituto, que llegaba justo de ir a buscar a su hijo al colegio. Menos mal.
    Metieron a Jean Pierre en la tumba, y nos propusieron que deshojáramos unas rosas pronunciando algunas palabras. Palabras, sinceramente, que a mí no se me ocurrían. El proviseur, más acostumbrado, hizo el apaño.
    Y nos fuimos. Los dos solos. Claro, que más solo se quedó Jean Pierre.
    Afortunadamente, ayer jueves, que ya todo el mundo estaba al tanto de la noticia, la gente ha llevado flores, los niños han hecho dibujos y se ha guardado un minuto de silencio.
    La vuelta a París la hice en el coche con el proviseur. La enfermera nos había dicho que Jean Pierre no había querido que se avisara a nadie de su enfermedad. No había dado ningún contacto. Ellas encontraron entre sus papeles un contrato del instituto y por eso habían llamado esa mañana. El proviseur me dijo que, de todas formas, se iba a poner en contacto con el consulado de Marruecos, para avisar a su familia.

    – ¿Pero Jean Pierre era marroquí?
    – Sí, ¿no lo sabía usted?

    Evidentemente, yo no lo sabía. Si no, no le habría regalado en Navidad y a la vuelta del verano esos sobres de jamón y de lomo que le traía.

  3. Esther dice:

    Triste, bonito y gracioso. Triste por no saber nada más de él, triste por su soledad…también en vida?? Bonito por haber ido tú, al menos alguien fue a despedirle. Y tus detalles navideños. Gracioso porq imaginándote en el coche mortuorio he soltado una carcajada.

  4. Carlos Maria dice:

    Bonito relato,… me sugiere diversas ideas sobre la invisibilidad de Jean Pierre, creo que aquí hubiera sido casi imposible que sucediera, aunque todo va cambiando, todavía importan esas personas invisibles que logran que todo funcione igual un día y otro.

    El mundo está lleno de personas invisibles, y gracias a ellas, sigue funcionando.

  5. Joaquin dice:

    Sí, al menos estuviste tú allí.

  6. Esther dice:

    Quién sabe cómo se llama el bedel o portero de su sitio de trabajo o la persona q limpia su centro de trabajo? La mayoría de la gente no le da importancia a esa gente son el engranaje del universo.Siempre se dice q si hay q pedir un favor mejor q lo pida la de la limpieza q no un jefecillo…q tendrá q devolverlo.
    La mujer q limpia mi oficina es fea y gorda y siempre tiene problemas y se te echa a llorar contándotelos. Además tiene un poco el síndrome de Diógenes y acumula la basura en el almacén y la tira cada mil años. Si le dices algo la excusa es q su marido está muy mal¿¿??
    Se llama Flor, y a mí no se me olvida el nombre porq cuida de las macetas q tengo en la ofi igual q yo. Cuando me voy de vacaciones me voy tranquila porq sé q ella me las cuida, no como mis compañeras…q son un desatre con las macetas.Siempre q la veo hablo con ella y yo creo q a ella le gusta y a mí tb me gusta tener relación con ella, porq la valoro.
    Joasqui, q tal el conciertazo?

  7. mariluz dice:

    Cuánto misterio. ¿Y cómo se puede llamar un marroquí Jean-Pierre?

  8. mariluz dice:

    ¿Y lo enterraron en un cementerio católico? Qué historia… Y no se llevaba con la familia… Igual es que se hizo cristiano y cambió de vida y por eso se encontró solo y por eso no decía nada del lomo que le regalabas. Tienes que investigar este caso, Juan. Pregunta.

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